Manual de Urbanidad y Buenas Maneras
Manuel Antonio Carreño
Deberes Morales del Hombre
De los Deberes para con Dios
Basta con mirar la naturaleza y las maravillas de la creación para concebir la grandeza y sabiduría de Dios y todo lo que debemos a su amor, bondad y misericordia.
Sómosle deudores de todo nuestro amor, de toda nuestra gratitud, profunda adoración y obediencia.
Dios es el ser que reúne la inmensidad de la grandeza y de la perfección. Él penetra en lo más intimo de nuestros corazones y conoce nuestras necesidades y nuestros deseos, pero de igual forma el acepta los ruegos como expresión sincera del reconocimiento en que vivimos de que Él es la fuente de todo bien, de todo consuelo y de toda felicidad y con ello movemos su misericordia. Él es Dios de bondad y su bondad tampoco tiene límites.
· Es propio que el hombre se dirija a su creador, le hable de sus penas con la confianza de un hijo que le habla al padre más tierno y amoroso, le pida el alivio de sus dolores y perdón de sus culpas, le muestre su fe y amor como titulo de esperanza.
· Al acto de acostarnos y levantarnos, elevemos nuestra alma a Dios y le dirigiremos nuestras alabanzas, le daremos gracias por todos sus beneficios y le rogaremos que nos os siga dispensando.
· Le pediremos por nuestro padres, hijos, por nuestras familias, por nuestra patria, por nuestros bienhechores y amigos, por nuestros enemigos y haremos votos por la felicidad del genero humano, por el consuelo de los afligidos, por las alma extraviadas de la senda de la bienaventuranza.
· Rogaremos a Dios que nos ilumine con las luces de a razón y de la gracia.
· Examinaremos nuestra conciencia y nos propondremos evitar las faltas que hayamos cometido con anterioridad.
· Es un acto debido a Dios, manifestarle siempre nuestro reconocimiento al levantarnos de la mesa.
· En los deberes para con Dios se encuentran refundidos todos los deberes sociales y todas las prescripciones dela moral y ¿Cuál ley humana, cual regla que encamine a los hombres al bien y lo aparte del mal que no tenga su origen en los Mandamientos de Dios; Ley de leyes, sublime, completa, sencilla y breve.
· Nosotros debemos satisfacer el sagrado deber de obediencia a Dios guardando fielmente sus leyes y la que nuestra Santa Iglesia ha dictado en el uso legitimo de la divina delegación que ejerce.
· Debemos manifestar a Dios nuestro amor, nuestra gratitud y adoración con actos públicos que al mismo tiempo que satisfagan nuestro corazón, sirvan de saludable ejemplo a los que nos observan.
· Procuremos visitar el Templo de la Casa del Señor con la frecuencia posible, manifestando siempre en el toda la devoción y recogimiento que inspira tan sagrado recinto.
· Honremos y respetemos a los sacerdotes y ministros de Dios sobre la tierra pues tienen la misión de mantener el culto divino y conducir nuestras almas por el camino de la felicidad eterna
· Cuidémonos de ofender y juzgar a un sacerdote pues con ello hacemos injuria a la divinidad que le ha investido con atributos sagrados.